Un recorrido de 8 horas por Hakodate: la fortaleza estrellada de Goryokaku, el barrio histórico de Motomachi, los almacenes de ladrillo de Kanemori y el famoso mirador del monte Hakodate, uno de los mejores del mundo.
El día comienza en Goryokaku, el único fuerte con forma de estrella de Japón, y avanza hacia el mar: la colina histórica de Motomachi, los almacenes del puerto y, al final de la tarde, la subida al monte Hakodate para ver la ciudad encenderse entre dos bahías.
El punto de partida ideal: desde el mirador de la torre se aprecia la silueta completa de la fortaleza en forma de estrella de cinco puntas, construida a finales del período Edo. En primavera, más de 1.600 cerezos rodean el foso, uno de los mejores lugares de Japón para ver los cerezos desde arriba.
En el centro mismo de la estrella se levanta la reconstrucción fiel del antiguo edificio de gobierno del período Edo, con su arquitectura tradicional de madera. Un buen lugar para entender por qué se eligió esta forma defensiva de estrella, poco común en Japón, y cómo funcionaba la vida administrativa de la época.
Calles empedradas en pendiente, iglesias ortodoxas y católicas, antiguos consulados y casas de comercio de la era Meiji, cuando Hakodate fue uno de los primeros puertos de Japón abiertos a Occidente. Caminar por sus cuestas, con vista a la bahía, es como recorrer un pequeño museo al aire libre.
Antiguos depósitos portuarios del siglo XIX, hoy convertidos en tiendas, cafés y galerías junto al agua. De día son un buen lugar para pausar y comer algo; al anochecer, sus fachadas iluminadas junto a la bahía son una de las postales más conocidas de Hakodate.
En apenas tres minutos, la góndola sube desde el barrio de Motomachi hasta la cima del monte Hakodate, ganando altura sobre la ciudad y las dos bahías que la rodean. El ascenso mismo ya regala las primeras vistas del atardecer.
Considerado uno de los mejores miradores nocturnos del mundo: la ciudad se extiende como un reloj de arena entre la bahía de Hakodate y el mar abierto, con las luces encendiéndose a medida que cae el sol. El cierre perfecto para un día que empezó en una estrella de piedra y agua, y termina en otra hecha de luces.